lunes, 2 de octubre de 2017

Educación Social: conexión de lo cotidiano con lo global




Oscar Martínez Rivera
Educador Social y doctor en Educación y Sociedad. 
(Universidad Ramon Llull)

Pasa demasiado a menudo que nos topamos con fenómenos sociales, económicos o culturales que algunos pretenden hacernos creer que se dan por generación espontánea. Pero, aunque en nuestro oficio no descartemos en algunos momentos el milagro como una posibilidad, en general, las transformaciones tienen detrás decisiones que las facilitan u omisiones que las permiten.

Desde la Educación Social podríamos solamente trabajar desde lo parcial, como si trabajáramos en una cadena de montaje donde solo vemos la pieza que nos toca montar, pero sin mirar desde donde viene y en qué se convierte. Pero no tener esa visión panorámica, como profesión nos haría vulnerables y nuestro trabajo sería tan parcial como ineficaz.

Por ejemplo. Que a alguien le suban el alquiler desproporcionalmente y le lleve a una situación de desesperación económica no es una situación casual ni tampoco inevitable. Sobre todo, si esa subida viene dada porque alguien ha visto como negocio turístico el hogar de todas las personas del mundo. La función de un espacio cambia de una necesidad básica a una inversión y sube el precio. Pero eso solo sucede si se permite, no es inevitable. La ley de la oferta y la demanda no es un principio inamovible ni aprobada en ningún parlamento.

Evidentemente que la globalización ha conllevado un avance en muchas cuestiones, pero como profesión es importante que sepamos aportar una mirada crítica y exigente a algunos de los impactos que puede suponer en la sociedad. No podemos olvidar el compromiso manifestado en el Congreso Estatal de Sevilla en el que el centro de nuestra acción están las personas a las que atendemos. Pero eso no puede hacernos perder de vista el otro compromiso de crear una red de personas que puedan influir en espacios más amplios y, porque no, en algunos globales.

Hay cierta sensación de que lo global le está quitando peso a las instituciones democráticas y que los poderes económicos y el sistema no hacen más que hacernos creer que tenemos la posibilidad de decidir sobre nuestro territorio. Ante esa sensación se trata de buscar qué hay de local que podemos modificar impactando en lo global. También hay ciertos discursos que creen que esas pequeñas acciones no pueden con Goliat. Pero todos sabemos que sí se puede.

Podríamos pensar en muchos ejemplos. El acceso a una necesidad básica como la electricidad o el agua se puede garantizar estableciendo pactos con las empresas comercializadoras, pero también se puede conseguir impulsando políticas reales de gestión pública o utilizando la tecnología para poder generar tu propia energía. Ya ha habido municipios pequeños y grandes que han ganado esta batalla. Y la Educación Social también debe estar en estos espacios de discusión que generan un impacto importante en las personas más vulnerables.

En definitiva, la Educación Social no solamente es una profesión de ejecución de proyectos, sino de creación y diseño de ellos teniendo en cuenta el contexto próximo, pero también el global. El cercano está influenciado por unos engranajes que se mueven más a menudo de lo que creemos debido a decisiones globales que debemos tener en cuenta. Solo de esa forma podemos entender el porqué de lo que les sucede a las personas a las atendemos desde los diferentes recursos. Aunque no es fácil hacerse un hueco entre los espacios de decisión global debemos ser capaces de influir en ellos mientras trasladamos a nuestro entorno más próximo el mensaje de que, en realidad, nada sucede por generación espontánea.

Este post forma parte del ‘Carnaval de Blogs’, una actividad promovida por el
Col•legid'Educadores i Educadors Socials de Catalunya (CEESC), con motivo de la celebración del Día Internacional de la Educación Social 2017. El tema de este año: "Los retos de la educación social en tiempos de la globalización" trata de seguir la línea de debate y construcción de conocimiento de la Revista Digital RES.
#diaES - #EdusoDay2017 - #CEESC20anys

sábado, 28 de enero de 2017

A ostia limpia



Aquellas frías mañanas de invierno de finales de los 70 me costaba levantarme de la cama para ir al colegio. Las legañas incrustadas impedían abrir mis pequeños ojos. Salir de la cama era una aventura para valientes ya que en casa no había calefacción. Teníamos que vestirnos rápidamente e ir a toda velocidad por el pasillo, al final nos esperaba la cocina con ´la bilbaína´ encendida, que nos hacía volver a ser personas. El olor a carbón y a leña aderezaba nuestros desayunos infantiles.

Los años de transición política y metamorfosis social fueron revueltos en todos los sentidos. Nuestros padres y abuelos contaban que entrabamos en una nueva dimensión, en un nuevo paradigma de libertades y derechos que no conocían, quizás había un poco de miedo a los cambios que se avecinaban.

No lo entendía muy bien, era un niño. Jugaba casi todo el día y vivía en la calle permanentemente. No había videoconsolas y solo teníamos dos canales de televisión. Una televisión en blanco y negro, casi como la realidad que algunos días vivíamos en el colegio. Fuimos una generación donde se banalizó la violencia de algunos profesores hacía a algunos niños. Todo se suavizaba y quedaba sentenciado con la frase que repetía tu microcosmos: ‘Algo habrás hecho’. Vivimos los estertores de la máxima: ‘La letra con sangre entra’. En esta agonía hubo víctimas.

Viví en primera persona como repartían ostias a compañeros en clase, alguna vez también me tocó a mí. Sí, con la mano abierta en toda la cara, en la espalda, en la cabeza… Arrinconados y muertos de miedo. Llorando y gritando. El resto, éramos espectadores de una danza dantesca. En primera fila, veíamos como uno de los nuestros, un niño de nuestra edad era vapuleado por un adulto. Nos contaron que ese adulto era un maestro. La autoridad, decían. Atónitos, en silencio y acojonados, tragábamos saliva sin respirar. Nunca sabías si tú ibas a ser el siguiente. Aquello era una ruleta rusa.

Este tipo de situaciones jamás fueron denunciadas por nadie. Silenciadas, formaron parte de la realidad oculta de aquella escuela de la transición. Fueron años de dualidad, mientras unos adultos salían a la calle con pancartas, gritando por la libertad y la defensa de los derechos democráticos, otros, los encargados de enseñar a las nuevas generaciones - muchos ellos de la vieja escuela, hijos del régimen se resistían a esa libertad - se dedicaron a soltar guantazos a diestro y siniestro con total impunidad a los niños que ahora vamos entrando en la cincuentena.

Recuerdo, que por aquel entonces, el profesor de 3º de EGB, que fumaba como un carretero delante de nosotros, no tenía costumbre de pegar con la mano abierta. Para ese fin, solía utilizar una regla muy fina de plástico. Con ella te soltaba unos latigazos en las manos que el dolor te duraba una semana. Una mañana llamó a la palestra (un santuario adornado con un crucifijo y la foto de Franco) a un compañero que debía estar molestando. Este extendió la mano lo más que pudo (decían que si extendías y ponías la mano tiesa, te dolía menos) y el profesor con todas su ganas estampó la regla en aquella mano de un niño, que por aquel entonces tenía 8 años. ¡Algo debió ocurrir! Cuando la regla golpeó aquella mano se partió en dos, cayendo uno de los trozos al suelo de la clase. Confusos y con los ojos fuera de nuestras orbitas gritamos todos juntos: ¡¡¡Biiiiieeeeeeeeennnnn!!! Aquella arma de tortura infantil había llegado al fin de sus días. De repente, por nuestros cuerpos y minúsculas almas recorrió una sensación de bienestar y tranquilidad que nunca habíamos vivido. Aquello que nos estaba jodiendo la vida desapareció para siempre.

jueves, 8 de diciembre de 2016

El ser y estar del educador/a social en el medio rural


Ser educador/a social en el medio rural es creer en el territorio, en la comunidad, en las personas y en sus potencialidades. Es apostar, sin postureos, en la transformación social y en la intencionalidad política y educativa de esta profesión. Trabajando desde la humildad del acompañamiento, desde el aprendizaje, desde los conflictos, desde los desafíos, desde la cooperación. (Re) construyendo las redes de apoyo mutuo y la identidad colectiva que el impacto de los valores urbanos y los medios de comunicación han ido calcinando paulatinamente. Promoviendo la recuperación de la memoria simbólica, como arma para potenciar la autoestima, la motivación, la resiliencia,…

Ser educador/a social en el medio rural es un acto de rebeldía, pero también de resistencia y lucha. Un acto para dar la espalda a la ciudad. Una ciudad endeudada, artificial, egoísta, insolidaria, ruidosa y transgénica. Una ciudad de gente sin casas y casas sin gente. Un acto para reivindicar de dónde venimos. Para buscar el origen y la esencia. Un acto para defender la vida, el agua, el oxígeno, el sol, las semillas, el patrimonio, los saberes, el paisaje, la identidad, el conocimiento, el silencio, … Un acto para iniciar pequeños procesos, pero significantes que promuevan el rescate de la dignidad de las personas que resisten ante el olvido, la decadencia y la soledad.

Ser educador/a social en el medio rural es enfrentarse al abismo. A saltar sin red. A pasear por los escurridizos acantilados de la despoblación. A la sinrazón de la (des) ordenación del territorio diseñada por tecnócratas en despachos urbanos. Al cierre de consultorios médicos, de aulas unitarias, de tiendas de ultramarinos, de servicios educativos y culturales,… A la sangría permanente del talento. A recibir, sin protección, el impacto de tu eco vacío en tu cara. A resistir ante el ninguneo, los prejuicios, los imaginarios perversos que dicen que estamos muertos. A blindar las grietas por las que se desmantelan las culturas locales y campesinas, ya que las fauces de las grandes corporaciones del mercado alimenticio están al acecho, esperando pacientes y silenciosas la demolición programada de la agricultura y la ganadería.

Ser educador/a social en el medio rural es trabajar con la infancia, pero también con sus familias, proyectando una postura no conformista frente al mundo. Iniciando y acompañando procesos de interpelación y reflexión de la propia comunidad. Fomentado valores como; esperanza, solidaridad, confianza en sí mismo/a, sensibilidad humana, indignación ante las injusticias, capacidad para soñar, coherencia, alegría de vivir y de luchar por la vida, compromiso,…

Ser educador/a social en el medio rural es soñar que es posible vivir con dignidad en los pueblos, por muy minúsculos que estos sean, y que no sólo es posible vivir en ellos; sino, que la sociedad del s. XXI, para tener futuro, tendrá que volver la mirada al espacio-territorio rural. El presente y el futuro es la tierra.

Fotografía de Juan Mellado Moreno