martes, 4 de octubre de 2016

En el oscuro abismo en que me mezo


La mañana del pasado 23 de abril me ametralló el cerebelo la frase que pronunció Marco Marchioni en el acto de cierre del VII Congreso Estatal de Educación Social en Sevilla: ‘Si no hacen política dejen de lloriquear’. Desde aquella jornada intensa en emociones, en discursos, en despedidas,… no hago más que preguntarme e intento buscar respuestas a las siguientes cuestiones:

¿Qué derechos humanos asisten a las personas sin trabajo, las desahuciadas, las que perciben la renta garantizada de ciudadanía, las que están en un ERE?

¿Qué derechos humanos tienen los que no pueden comprar comida y tienen ir a un comedor social? ¿Qué derechos humanos tienen los que solo pueden alimentarse con los productos que les entregan en un banco de alimentos? ¿Qué derechos humanos tienen las miles de familias que no pueden encender en invierno la calefacción de sus casas?

¿Qué derechos humanos tienen las que deben emigrar a otro país y rebuscar un futuro profesional, las que no pueden pagar las tasas universitarias, las que ya no perciben ningún tipo de ayuda o prestación?

¿Qué derechos humanos tienen las personas dependientes, las que fueron engañadas con las preferentes? ¿Qué derechos humanos tienen las niñas y los niños que la única comida que ingieren al cabo del día es la del comedor escolar?

¿Qué derechos humanos tenemos si la educación pública es constantemente desprestigiada? ¿Qué derechos humanos tienen todos aquellos a los que amordazaron con una hipoteca abusiva e ilegal? ¿Qué derechos humanos amparan un gobierno que saquea y vende la sanidad pública a una banda de sanguijuelas?

¿Qué derechos humanos tenemos en un país que destruye el Estado de Bienestar? ¿Qué derechos humanos amparan a un gobierno que rescata a los bancos y no a las personas? ¿Qué derechos humanos defiende un consejo de ministros que coloca cuchillas en sus fronteras?

¿Qué garantías existen en las democracias europeas si se vulneran sin vergüenza y escrúpulos los derechos fundamentales? ¿Es la democracia un sistema político que garantiza los derechos de todas las personas?

Estas preguntas hacen un retrato del desolador panorama sociopolítico de los últimos años en nuestro país. Ante esta realidad, sigo preguntándome: ¿Cuándo nos ponemos los educadores y las educadoras sociales al lado de las personas más vulnerables? Acaso, nuestra acción profesional ha caído al vacío, quedando anquilosada en el ayudismo, el asistencialismo o la caridad. Acaso, nosotras y nosotros somos un eslabón más de la cadena perversa que constituyen las políticas públicas. Esas que solo vulneran y mercantilizan con los derechos fundamentales.

¿Cuándo toca eso de ser agentes de cambio que transforman la realidad? Quizás nos estamos (seguimos) mirando nuestro propio ombligo, preocupados más por nuestras condiciones laborales o por esa falta de reconocimiento profesional que nunca llega. “Acomodados” a un entorno incómodo que no podemos modificar. ¿Cuándo vamos a dar ese paso adelante? ¿Cuándo vamos a dejar de “ayudar” a la gente para luchar y combatir las causas de los problemas que generan tanta desigualdad? ¿Cuándo vamos a enfocar con nitidez la realidad? ¿Cuándo vamos a demostrar con hechos y no con palabras que la educación social es un derecho de la ciudadanía?

Para terminar, permítanme que les recuerde algo. Entre otros argumentos, el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice textualmente: “Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.

Y ahora díganme Uds. sí desmantelar paulatinamente el Estado de Bienestar, echar a la gente de sus casas, despedir a miles de trabajadoras y trabajadores, empobrecer a la ciudadanía, en definitiva conculcar los derechos básicos, no son motivos más que suficientes para provocar (organizar) una rebelión ciudadana contra los intereses de las políticas neoliberales y la tiranía de los mercados y multinacionales. ¿Cuándo nos vamos a arremangar -pero de verdad- para poner en práctica lo que nos define como profesión?

¿Hacía donde miran los/as profesionales de “lo social” cuando se vulneran constantemente los derechos a la vivienda, a la educación, a la sanidad, al trabajo,…? Será que tenemos puestas las luces cortas.

…no lo puedo evitar, pero a menudo cansado y agotado, me mezco en el oscuro abismo de la reflexión sobre mi práctica profesional. Ese precipicio. Esa parte recóndita del pensamiento que hace interpelarme, tratando de buscar los porqués, tratando de pasar de las palabras a los hechos…




Este post forma parte del ‘Carnaval de Blogs’, una actividad promovida por el
Col•legid'Educadores i Educadors Socials de Catalunya (CEESC), con motivo de la celebración del Día Internacional de la Educación Social 2016 y en el que se trata generar un dibujo de la situación actual de la profesión: "La educación social como garantía de los derechos de la ciudadanía".
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