jueves, 8 de diciembre de 2016

El ser y estar del educador/a social en el medio rural


Ser educador/a social en el medio rural es creer en el territorio, en la comunidad, en las personas y en sus potencialidades. Es apostar, sin postureos, en la transformación social y en la intencionalidad política y educativa de esta profesión. Trabajando desde la humildad del acompañamiento, desde el aprendizaje, desde los conflictos, desde los desafíos, desde la cooperación. (Re) construyendo las redes de apoyo mutuo y la identidad colectiva que el impacto de los valores urbanos y los medios de comunicación han ido calcinando paulatinamente. Promoviendo la recuperación de la memoria simbólica, como arma para potenciar la autoestima, la motivación, la resiliencia,…

Ser educador/a social en el medio rural es un acto de rebeldía, pero también de resistencia y lucha. Un acto para dar la espalda a la ciudad. Una ciudad endeudada, artificial, egoísta, insolidaria, ruidosa y transgénica. Una ciudad de gente sin casas y casas sin gente. Un acto para reivindicar de dónde venimos. Para buscar el origen y la esencia. Un acto para defender la vida, el agua, el oxígeno, el sol, las semillas, el patrimonio, los saberes, el paisaje, la identidad, el conocimiento, el silencio, … Un acto para iniciar pequeños procesos, pero significantes que promuevan el rescate de la dignidad de las personas que resisten ante el olvido, la decadencia y la soledad.

Ser educador/a social en el medio rural es enfrentarse al abismo. A saltar sin red. A pasear por los escurridizos acantilados de la despoblación. A la sinrazón de la (des) ordenación del territorio diseñada por tecnócratas en despachos urbanos. Al cierre de consultorios médicos, de aulas unitarias, de tiendas de ultramarinos, de servicios educativos y culturales,… A la sangría permanente del talento. A recibir, sin protección, el impacto de tu eco vacío en tu cara. A resistir ante el ninguneo, los prejuicios, los imaginarios perversos que dicen que estamos muertos. A blindar las grietas por las que se desmantelan las culturas locales y campesinas, ya que las fauces de las grandes corporaciones del mercado alimenticio están al acecho, esperando pacientes y silenciosas la demolición programada de la agricultura y la ganadería.

Ser educador/a social en el medio rural es trabajar con la infancia, pero también con sus familias, proyectando una postura no conformista frente al mundo. Iniciando y acompañando procesos de interpelación y reflexión de la propia comunidad. Fomentado valores como; esperanza, solidaridad, confianza en sí mismo/a, sensibilidad humana, indignación ante las injusticias, capacidad para soñar, coherencia, alegría de vivir y de luchar por la vida, compromiso,…

Ser educador/a social en el medio rural es soñar que es posible vivir con dignidad en los pueblos, por muy minúsculos que estos sean, y que no sólo es posible vivir en ellos; sino, que la sociedad del s. XXI, para tener futuro, tendrá que volver la mirada al espacio-territorio rural. El presente y el futuro es la tierra.

Fotografía de Juan Mellado Moreno